FORMA DE VIDA

 

 Esta forma de vida se desarrolla  en dos tiempos específicos:   

el “Gran Silencio” y  el “Compartir Fraterno”,  

para en cada uno de ellos vivir y ahondar

los dos pilares fundamentales del  Evangelio:   

el Mandamiento del  Amor a Dios y a los hermanos.

 

  El Gran Silencio:

(“Amarás  al  Señor,  tu Dios,  con  todo  tu  corazón,

con  toda tu alma, con toda tu mente,  

con todas tus fuerzas”. Mc. 12,30)

 

1-Se denomina  así  el  tiempo de vida anacorética

en el cual nos adentramos en Dios y bebemos en la fuente del Corazón de Cristo. 

Se lleva  vida de intensa oración y completa soledad

desde el domingo por la noche hasta el  sábado por la tarde 

para el rezo de las primeras vìsperas del domingo.  

(abierto, no obstante, a cualquier necesidad importante de una hermana).

 

2-La Ermitaña del CJ   hará su propio horario,

llevará vida de trabajo humilde en la presencia de Dios,

de intensa contemplación y solidaria intercesión por todos los hombres. 

No serà interrumpida sin urgente necesidad,  

y sólo recibirá mensajes por escrito cuando haya algo que decirle,

  a menos que sea urgente  o  muy  importante;  no obstante  la

Guardiana juzgará el caso.  

 

 El Compartir Fraterno:

(“Ámense los unos a los otros, como yo los he amado”. Jn.13, 34)

 

1- Se denomina así el tiempo que interrumpe la soledad de las Ermitañas para 

vivir momentos de fraternidad.  

Los días de compartir,  según  el Calendario  Litúrgico son:  

Sábados por la tarde,  Domingos  y  Solemnidades,  

se rezaràn en comùn:  Laudes, Visperas y la hora Sexta.

Las Ermitañas comeràn juntas.

 

2- En el   Domingo  de Pascua  y su Vigilia;   la Noche Buena  y  Navidad,

con sus respectivas Octavas, se harán más intensos los encuentros fraternos,

vividos en comunión con la Iglesia, en la celebración de tan Solemnes Misterios,

y se compartirá el Oficio Divino y las comidas igualmente como se indica en el Nº 1. 

Terminadas éstas, se vuelve a  la  vida solitaria.  

 

3- En nuestro compartir fraterno debe reinar el trato familiar y  el calor de hogar: 

 la pura sencillez, alegría, infancia espiritual en el trato,  amor sincero entre nosotras,

y  también con los que nos visitan en el  locutorio. 

Tener  en  cuenta que este tiempo es muy importante

para la madurez de la vida espiritual, pues la soledad nunca debe ser una evasión, 

sino profunda sed de Dios.  Por  lo que  la fraternidad

es prueba suprema del verdadero Amor a Dios.